Una investigación encubierta de CNN expone una red global de varones que comparten videos de abusos sexuales cometidos contra mujeres sedadas. El caso revela una violencia sistemática, organizada y potenciada por las plataformas digitales.
por Martina Perez
02/05/2026

Una investigación encubierta de CNN reveló una red de miles de abusadores que compartían videos y consejos sobre cómo drogar y violar a sus parejas para luego monetizar el contenido.
La investigación expuso cómo los varones dormían químicamente a sus víctimas (que, en la mayoría de los casos, eran sus parejas) para poder abusar de ellas. El video de prueba era el elemento dominante dentro de estos grupos: mediante el hashtag #eyecheck (ojo chequeado), que consiste en levantar el párpado de las víctimas, se comprobaba el estado de profundo sueño en el que se encontraban.
Este caso no se presenta como un hecho aislado, sino como un gran mecanismo articulado y organizado en el que participaban miles de hombres. La página donde se difundía y monetizaba este tipo de contenido registraba una cifra mensual de 62 millones de visitas.
Las periodistas Saskya Vandoorne, Niamh Kennedy, Kara Fox y Anna Odzeniak se infiltraron en un grupo llamado “Zzz” —uno de tantos— de la app de mensajería Telegram, haciéndose pasar por usuarios. Allí, la circulación de videos en los que abusaban de sus esposas en estados de inconsciencia se utilizaba como una “commodity”, es decir, una moneda de intercambio.
En ese espacio, pudieron comunicarse con un miembro originario de Polonia, al que llamaron —por motivos legales— Piotr. Él habló con total libertad sobre las aberraciones que cometía contra su esposa, lo que evidenció la profunda naturalización del abuso sexual en estos grupos, así como un sentido de comunidad y camaradería entre sus integrantes. Finalmente, el hombre fue arrestado, pero era solo uno de los miles que perpetuaban este tipo de prácticas, conformando una extensa red global de intercambio de drogas y violación.

Cuando el abuso se encuentra con el mundo digital
Hace dos años, el mundo comenzó a tomar dimensión de cómo el abuso “tradicional” —la imagen del “hombre tras el arbusto”— se reconfigura con la ayuda de las redes sociales y las plataformas digitales. En ese contexto, Gisèle Pelicot renunció a su anonimato como víctima de violación múltiple en un estado de sueño inducido químicamente —perpetrado y orquestado por su marido—. De esta manera, se convirtió en un ícono feminista al afirmar que “la vergüenza tiene que cambiar de lado”.
“Es a partir de casos como este que empezamos a preguntarnos si estuvimos demasiado preocupadas por quien camina detrás de nosotras por la noche y no por quien se acuesta a nuestro lado”, dijo Zoe Watts, una de las víctimas entrevistadas por CNN. “Nos preocupamos por quien se nos acerca de espaldas caminando por la noche o por quien nos agrega a Facebook. Nos preocupa ir a nuestro auto en un estacionamiento de noche, pero no nos preocupamos por quien duerme al lado nuestro. No sabía que tenía que hacerlo”.
Raquel Vivanco, fundadora de la organización “Ahora Que Sí Nos Ven”, expresó a El Grito del Sur: “Creo que el caso de Gisèle Pelicot en Francia fue el primero que puso en evidencia la sedación química como una forma de sometimiento de las mujeres, pero no fue el único; por el contrario, esta investigación da cuenta de lo extendida que está una práctica tan terrible contra los cuerpos de las mujeres y contra nuestros derechos, nuestras identidades y subjetividades”. Y agregó: “Es un problema real, existe, nos atraviesa a nivel mundial y esto quedó expuesto”.
El patriarcado no se cayó, se reinventó
Hoy en día, las formas de abuso, el machismo y el patriarcado, lejos de desaparecer, se reinventan de manera tal que mujeres, infancias y adolescencias pasan a ser el foco de estas violencias, potenciadas por el acceso irrestricto a contenidos en la web, la falta de regulación tecnológica, la desinformación, las dificultades de acceso al sistema judicial, la revictimización y el descreimiento hacia quienes denuncian —que siguen siendo una minoría—.
Ante este panorama, Vivanco agregó: “Las ultraderechas en la Argentina y en el mundo no solo niegan estas violencias, sino que fomentan discursos de odio contra las mujeres, los feminismos, las infancias y quienes intentan visibilizar estas violaciones a los derechos humanos ejercidas por estos varones, que —como decimos— no son ni enfermos ni están locos, sino hijos sanos del patriarcado”.
El panorama en la Argentina
Mientras en el mundo surgen nuevas perspectivas sobre las distintas formas que adopta la violencia hacia las mujeres, en la Argentina actual se discute un escenario que no se condice con la realidad. Melisa García, fundadora de ABOFEM (Asociación de Abogadas Feministas), se pronunció al respecto: “Al poner el abuso en el ámbito digital, también se pone en cuestión todo lo que venimos atravesando en un sistema globalizado: los alcances de la inteligencia artificial y lo que sucede con las mensajerías instantáneas. Esto evidencia un nuevo plano que requiere una legislación fuerte”.
Además, señaló: “En ABOFEM, por ejemplo, tres de cada diez consultas que recibimos en lo que va de 2026 están vinculadas a violencia sexual con este componente digital, como la difusión no consentida de imágenes, entre otras problemáticas”.
Por último, agregó: “Hace 10 o 15 años podíamos hablar de la Argentina como un país a la vanguardia en materia de derechos humanos. No solo en la promoción y sensibilización, sino también en el plano normativo”.
Para ella, esto implica un fuerte retroceso y deja a la sociedad en una situación de vulnerabilidad frente al avance de lo digital. Si bien existe la Ley Olimpia, aún no cubre aspectos específicos de los delitos vinculados a la violencia digital: “Hay un enorme vacío todavía y, evidentemente, la realidad avanza mucho más rápido que la legislación”.




